Colocadas entre 1255 y 1267, las vidrieras de la parte alta del coro constituyen uno de los conjuntos más bellos de las catedrales francesas. Se presentan como un libro abierto sobre la historia de la Iglesia.
La armonía de los colores, la calidad pictórica, la precisión histórica y el carácter narrativo del relato atestiguan la gran maestría de los talleres de Turena, mientras que el estilo recuerda al de los talleres parisinos y al de los talleres del Oeste.
La composición de medallones narrativos es aireada, concebida para ser leída a distancia. Se ve interrumpida por la presencia de 2 ventanas con franjas de colores que alternan personajes de cuerpo entero (obispos de Tours y canónigos de Loches) y franjas de grisallas.
La catedral de Tours se considera un monumento clave en la evolución del arte de la vidriera, que anuncia el nuevo tipo de composición de las catedrales y de las iglesias principales de finales del siglo XIII y del siglo XIV.
En la girola hay una señalización de las vidrieras del coro y de las capillas radiales. Una veintena de paneles
explicativos
ofrecen a los visitantes una representación de calidad de las distintas vidrieras.
Para una buena comprensión iconográfica, lea las vidrieras de izquierda a derecha y de abajo arriba.
La belleza de la obra impresiona al visitante sobre todo desde su restauración, que ha permitido recuperar su decoración original. Tras 8 años de obras, las bóvedas recuperaron en 2002 su color ocre del siglo XIII, y las vidrieras, su visibilidad y su brillo. Estas últimas se han beneficiado además de la protección de un acristalamiento exterior resistente a las agresiones atmosféricas y mecánicas, cuyo tratamiento especial ha permitido reproducir en él la silueta de la vidriera medieval. Este procedimiento fue desarrollado por un maestro vidriero de Tours y se ha aplicado en todas las catedrales en materia de protección de vidrieras.