Sucesivamente soldado, monje y obispo, Martín es una gran figura emblemática por su bondad, su caridad y su amor al prójimo. Es el protector de los excluidos. Comparte todo lo que posee: su manto, pero también su fe y su amor a Dios. Es el símbolo vivo de la caridad de Cristo, «un gigante de santidad», decía Pío XI.
San Martín sigue siendo un mito, una leyenda, un modelo, un ideal cristiano que el papa Juan Pablo II vino a honrar a Tours el 21 de septiembre de 1996 con ocasión del 16.º centenario de su muerte, en particular pronunciando estas palabras: «Dichosos vosotros, cristianos de Francia, por haber merecido un patrón así en los albores de vuestra historia».
«Dejando aparte a Cristo, ningún personaje del cristianismo ha ejercido, en vida y sobre todo después de su muerte, una influencia tan tenaz»